Opinión
Un Tercer País: El regalo

Por: Pedro Pablo Alcántara │Educador, normalista y profesor de ciencias sociales

 No hay precisión de la fecha, pero, sin duda que el sabroso y muy famoso café de Colombia llegó desde nuestras tierras venezolanas a esa nuestra hermana república.

Una leyenda vincula a Ambrosio Alfinger, aquel osado aventurero, que buscaba desesperadamente El Dorado y que formaba parte de la capitulación de los Welser que, a partir de 1528, mediante la dación del emperador Carlos V ocuparon tierras que pertenecían a la llamada provincia de “Tierra Firme” y que estaban ubicadas en los límites entre el Cabo de la Vela, región del reino de la Nueva Granada y Maracapana.

El rey Carlos V, en aquella capitulación firmada en 1528, señalaba -y lo recoge así José Gil Fortoul – que “ a los alemanes Enrigue Ehinger y Jeronimo Seiler para que en sí o en su defecto, Ambrosio y Jorge Ehinger, hermanos de Enrique, puedan descubrir, conquistar y poblar las tierras de las costas comprendidas entre el Cabo de la Vela (límite de la Gobernación de Santa Marta en el reino de Nueva Granada) y Maracapana en la costa de Sucre, incluyéndose también las islas que están en dicha costas, aceptadas las que están encomendadas y tiene a su cargo el factor Juan de Ampies, este habría ocupado en 1528, también, las tierras de Curiana, denominación a las actuales latitudes que ocupan el estado Falcón y que estaban en los tiempos precolombinos y posteriores bajo el Gobierno del Cacique Manaure en aquella región denominada Curiana, es decir en lengua caquetia “tierra de los vientos”.

LA FUNDACIÓN DE LA PRIMERA CAPITAL VENEZOLANA

Esta región será el futuro asiento de la ciudad de Coro, que habrá de convertirse en la primera ciudad establecida de manera permanente en el continente americano y cuya Gobernación y posterior sostenimiento como institución, obedeció a las gestiones que tomara su cargo Ambrosio Alfinger.

Este Alfinger es originalmente Ambrosio Ehinger, pero por deformaciones en el uso se convirtió en Alfinger, de modo pues, que Ambrosio Alfinger una vez que arriba a estas tierras, allí donde se encuentra la ciudad de Coro, participa en la experiencia de instalar el primer ayuntamiento y al mismo tiempo iniciar la consolidación de lo que sería la primera instancia de Gobierno, tal como lo establecía los canones españoles en vigor en la época.

Luego de estar asentado en el lugar, recibe noticias Alfinger de que al Poniente hay una inmensa laguna que los indígenas denominan como Maracaibo y que es la antesala de una laguna mayor o gran océano a cuyas orillas se encontraría el mítico Dorado, de modo pues que prepara la expedición Alfinger a un grupo lo envía en especie de bergantines que fueron construidos allí mismo y por vía marítima van a dar hasta la barra de entrada al Lago de Maracaibo y Alfinger, acompañado por una tropa integrada por españoles, alemanes y por indios, se va desplazando las 20 leguas que distan entre Coro y las riberas del actual Lago de Coquivacoa o Lago de Maracaibo, que posteriormente el navegará y en los cuales hará entradas y correrías sangrientas, no permitiendo el asentamiento de ningún poblador en la zona, sino pasando al otro extremo de la margen norte del Lago de Maracaibo para continuar rumbo a lo que habrá de ser su penetración en el reino de Nueva Granada y que pasamos a describir a continuación.

LA TRÁGICA EXPEDICIÓN QUE LLEVÓ EL CAFÉ HASTA COLOMBIA

Escribe Oviedo  y Baños, el célebre cronista de la conquista española en el territorio de América y en particular en su libro, “Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela”, que, movido por la ambición del mítico metal, por el oro, en 1530, tomó Alfinger rumbo al Poniente y “atravesó las serranías que llaman de los Itotos” y salió al Valle de Upar  “ el cual destruyó”  y continúo Oviedo y Baños narrando que Alfinger “siguiendo las corrientes del río Cesar llegó a las provincias de los Pocabuces y Alcojolados…” Cogiendo mucho oro hasta dar con la laguna de Tamalameque, llamada también la zapatosa y donde reinaba el cacique Tamalameque a quien secuestraron y que solo pudieron rescatar sus compañeros en 1531 y para lo cual debieron entregar a esta expedición “ cien mil castellanos de oro fino, sin lo que ocultaron los soldados que fue otro cuasi tanto”, de allí surgió la conseja de que aquella trágica expedición hubiese llegado los primeros cafetos al Valle de Upar y a partir de allí se hubiese diseminado por el reino de Nueva Granada.

Es significativo indicar que el café “hubiese llevado en los navíos..”provenientes de las lejanas tierras de Abisinia, habían comenzado antes de la conquista de América a ser conocidos en Europa y ser trasladados en los buques que se desplazaron después del descubrimiento de Cristóbal Colón  y que también motivaron la permanencia de otras expediciones en el área de lo que luego se llamó el mar Caribe, provenientes de grupos de filibusteros bajo banderas francesas e inglesas inicialmente que pudieron haber traído a Martinica,  y otras islas como Guadalupe, Jamaica, esas especie con la intención de sembrarlas en aquellas islas y de allí pasaran a Coro y posteriormente desde Coro en esta expedición de Alfinger pudieran haber llegado hasta las tierras colombianas.

 Este es el primer capítulo de esta historia, en el próximo artículo seguiremos desarrollando las teorías del posible efecto de diseminación de los cafetos en Colombia a partir de la expedición de Alfinger y de otras expediciones con Nicolás Federmann “y de otros aventureros de origen diverso que llegaron allí”.

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