Colombiacheck califica la afirmación como cuestionable
Difícil saber cuántos recolectores de café son venezolanos

• Según Roberto Vélez El gerente de la Federación Nacional de Cafeteros aseguró que de 10 recolectores 9 eran venezolanos

El gerente de la Federación Nacional de Cafeteros aseguró que de 10 recolectores 9 eran venezolanos. Las fuentes consultadas por Colombiacheck coinciden en que la proporción es mucho menor, aunque aclaran que no hay cifras certeras al respecto.

El gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, Roberto Vélez, aseguró en Caracol Radio que la migración venezolana a Colombia ha sido muy favorable en términos de la disponibilidad de mano de obra para la recolección del café. Agregó: “no tengo cifras de cuántos venezolanos hay trabajando en la zona cafetera recolectando café, lo que le puedo decir es que en estos días me encontré un cafetero y me dijo: de 10 recolectores nueve son venezolanos”.

Colombiacheck califica la afirmación como cuestionable. Aunque todas las fuentes consultadas coinciden en calcular una proporción menor, también están de acuerdo en que debido a la informalidad de ese trabajo es difícil tener datos certeros sobre la participación de los venezolanos en la recolección de café. Esto se dificulta debido a que muchos de los cafeteros que los contratan temen dar información, pues emplean incluso a quienes no tienen en regla los papeles de migración, lo que está prohibido.

Aunque no se descarta que esa proporción se haya dado en alguna zona, generalizaciones como esas desinforman, pues no dan cuenta del panorama real en todo el país.

Consultamos en la oficina de comunicaciones de la Federación si Vélez se refería a una zona del país o hablaba en general, pero hasta la publicación de esta nota no ha respondido.

RECOMENDACIÓN

Lo primero que aclara Carlos Felipe Hoyos, presidente del Comité de Cafeteros de Caldas, es que en esta zona se recomendó no contratar venezolanos que no tuvieran sus papeles de migración al día para evitar problemas. Aunque sabe que muchos lo hicieron, asegura que no hay números al respecto.

Hoyos explica que tener esas cifras se dificulta por la informalidad propia de ese trabajo. Agrega que los recolectores se mueven constantemente de finca en finca buscando mejores condiciones para trabajar y que muchas veces no dan sus nombres reales ni presentan sus cédulas, por lo que no queda un registro riguroso.

El Comité calcula que, para la cosecha principal, que es la segunda del año (octubre), Caldas necesita unos 30 mil recolectores.

Nicolás Trujillo, administrador de seis fincas en Palestina, Chinchiná y Manizales, explica que los cafeteros pagan por kilo recolectado y que no hay vínculo laboral directo entre los recolectores y los dueños de las fincas. Se conoce como un trabajo a destajo. Asegura que muchos de los venezolanos no tienen aseguramiento en salud ni seguridad social, por lo que a muchos finqueros les da miedo contratarlos, pero ante la necesidad de personal, corren el riesgo y los emplean, pero no masivamente.

Trujillo calcula que, en la última cosecha, en una de sus fincas en Chinchiná, los recolectores venezolanos eran entre un 5 y un 10% del total. Muy lejos, al menos en esta zona, del nueve a uno que dice el gerente de la Federación.

Marino Botero tiene dos fincas en Neira, Caldas, que suman 100 cuadras del grano. Hace cuatro años que contrata venezolanos para las épocas de recolección y dice que de 150 personas que necesita a la semana, alrededor de 15 son de ese país, es decir, el 10%.

“El trabajo de campo es pesado y hay que saber trabajar. Un venezolano que venga de hacer de obrero en una fábrica no es capaz de trabajar al ritmo necesario en una finca cogiendo café. Muchos venezolanos se han acercado a tratar de trabajar en el campo, pero muy pocos se han quedado. En el momento en que más venezolanos tuvimos (septiembre-octubre de 2019) fue de entre un 15 y un 20% de los trabajadores, en una semana en la que necesitamos 50 recolectores, máximo hubo 10 venezolanos”, cuenta Arturo Valencia, dueño de la finca La Divisa, en la vereda La Cabaña, en Manizales, y administrador de otras dos fincas en esa zona, que suman 48 hectáreas. Valencia agrega que muchos llegan con sus familias y las fincas no están diseñadas para acoger a los caficultores con mujeres y niños, otro motivo por el que no los pueden contratar.

Danilo Gutiérrez, exalcalde de Risaralda (Caldas) y dueño de tres fincas en ese municipio, coincide con los demás caficultores consultados en que los venezolanos no superaron el 10% del total de recolectores en las cosechas del 2019 en esa zona de Caldas. En su caso, 7 de los 19 trabajadores que tenía en la semana del 20 de diciembre eran venezolanos, pero no solo hacían recolección, sino que tenían también otras labores de la finca.

Gutiérrez asegura que esa mano de obra les ha servido mucho por el déficit de personal en la región y que la gran mayoría son personas honradas y colaboradoras. También indica que ha habido casos en los que se aprovechan de la necesidad de los migrantes y no les pagan lo que les prometen inicialmente.

Para Marcelo Velásquez, dueño de la finca La Florida, en Anserma, la mano de obra venezolana para la recolección de café se concentró en Cundinamarca, Santander y Boyacá, donde, según le han dicho, algunas fincas tuvieron 7 u 8 recolectores venezolanos por cada 10, pero resalta que fueron casos muy puntuales.

VOCES VENEZOLANAS

Arles Pereda preside la colonia de venezolanos en Medellín. Asegura que la Federación de Cafeteros ha buscado organizaciones de venezolanos para suplir con su fuerza laboral el déficit de recolectores, pero carece de cifras porque no es una contratación formal. Añade que este año la demanda fue menor a los años anteriores y que ahora los venezolanos se emplean en mayor medida en cultivos de otros productos en el oriente antioqueño, pues las condiciones laborales son mejores y las cosechas más largas, así que tienen asegurado el trabajo casi todo el año. Pereda dice que, según los testimonios que ha escuchado de quienes han trabajado como recolectores de café, muchos duran solo un par de semanas porque las condiciones laborales no son las que esperan, pues es un trabajo informal.

Rafael Carrillo es un venezolano de 31 años que desde hace 5 vive en Colombia. Hace 4 años se empleó como recolector durante dos semanas en una finca en Antioquia y dice que de cada 10 recolectores seis eran venezolanos. Carrillo duró poco en esa labor por las condiciones de trabajo: por cada kilo recolectado le pagaban 500 pesos y le descontaban lo de la comida y la dormida. Ahora trabaja como entrenador de béisbol y como conductor de Uber.

Wilmer Montaño es venezolano y lleva cuatro meses recolectando café en la finca El Bosque, en Chinchiná. Dice que de unos 80 recolectores allí, 30 eran venezolanos, aunque aclara que eso variaba porque se iban constantemente por la comida o por la forma en que les toca dormir (varias personas en un solo cuarto lleno de camarotes). Montaño está dispuesto a trabajar en la próxima cosecha de café, o en lo que surja. Considera mejor eso a no hacer nada.

LA ACADEMIA

“Ese es un oficio que está en el borde de la informalidad y es muy difícil hacer un rastreo real de cuántos venezolanos participaron. Se sabe que los venezolanos están participando en actividades agrícolas en Colombia porque por su condición de irregularidad les queda muy difícil participar en labores que exigen pago de salud, pensión y toda la estructura laboral colombiana”, explica Ronal Rodríguez, investigador del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario.

Rodríguez indica que la migración venezolana, sobre todo la que ha llegado en el último ciclo, es de personas que vienen de contextos urbanos, no tienen una vocación rural y terminan trabajando en el campo por necesidad y porque es el único espacio que encuentran. “Al final esto va a ser temporal, tan pronto la mayoría de esos venezolanos logre estabilizarse se va a desplazar hacia las ciudades, lo que desmiente la versión de que ellos llegaron para cubrir la mano de obra faltante del sector agrícola. Ellos han sido, sobre todo en los últimos 50 años, una población mucho más urbana, que ahora se vean abocados por las circunstancias es otra cosa, pero de aquí a que lleguen a reemplazar para siempre la mano de obra agrícola, no”, concluye.

Con información de La Patria.com

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