El espacio sirvió para reflexionar sobre los lazos culinarios que se tejen entre Colombia y Venezuela.
La cocina reconcilia a colombianos e inmigrantes

• El encuentro ‘La reconciliación en la mesa’ fue celebrado en la biblioteca pública Julio Pérez Ferrero, en Cúcuta.

Una dispensa de frutas, legumbres, tubérculos, cereales y vegetales, bañó de múltiples aromas y colores la sala en la que alrededor de 40 cucuteños retornados y migrantes venezolanos se reunieron para reflexionar sobre los lazos culinarios  que se tejen entre Colombia y Venezuela. 

El encuentro ‘La reconciliación en la mesa’, celebrado en la biblioteca pública Julio Pérez Ferrero, fue organizado por la fundación Comparte Colombia y la corporación Reconciliación Colombia, con el apoyo del Programa de Alianzas para la Reconciliación (PAR), de Usaid y Acdi/Voca.

Sergio Guarín, director de la organización Reconciliación Colombia, habló sobre los elementos históricos que incidieron para que Colombia no fuera un territorio receptor de migrantes. También recordó la cotidianidad fronteriza en Norte de Santander y cómo migrantes y la comunidad de acogida han desarrollado una dinámica de integración en la que la cocina ha sido una de las protagonistas.

En la tertulia, los organizadores brindaron un recorrido que activó los sentidos. Entre patillas o sandías; guatila o chayotas; frijoles o caraotas; los asistentes convergieron en una dinámica colaborativa en la que palparon, olieron y probaron la vasta alacena de alimentos que se consumen en ambos países.

Lala Lovera, directora de la fundación Comparte Colombia, destacó la importancia de la migración en las regiones y el aporte culinario que ha servido para construir nuevas narrativas en torno a la comida y la mesa. 

“Con estos espacios buscamos nutrir pensamientos y experiencias a través de la gastronomía, porque a través de ella se generan sentimientos de empatía, solidaridad y amor”. 

Cocina en equipo

En este caso, los elementos compartidos fueron el maíz floreado, la yuca, el mango, los frijoles y muchos otros productos con los que los participantes tuvieron el privilegio de cocinar en equipo suculentos platos insignes como el mute, el molido de mico, arepas de yuca, papelón con limón mandarino, dulce de mango biche y muchos más.

Los niños y jóvenes de la institución educativa Villa del Rosario, del programa Quédate en la Escuela, participaron en la elaboración de arepas de yuca. También se interesaron en las experiencias que compartió Verónica León, una migrante venezolana que trajo para este ecuentro el ají dulce, que es el “pasaporte de los venezolanos en el exterior”, debido a que es un ingrediente insustituible en la cocina venezolana.

En ese ejercicio de preparación de alimentos, temas de interés salieron a flote, como la migración de las especies por el territorio, y la forma en que el maíz llegó a Europa proveniente de América, pero por el escaso conocimiento de su siembra y procesamiento, en España cometieron muchos errores para consumirlo. O las plantaciones de plátano por la costa binacional, transformándose en un alimento vital en la mesa de ambas fronteras.

Remembranzas del trabajo que desarrolla la corporación Reconciliación Colombia en El Socorro, Santander, con un laboratorio culinario de cocina tradicional, también despertaron la atención de los asistentes. 

El momento cumbre llegó con la degustación de los platos. En la misma mesa, la cocina tendió un puente para que esa tarea de preparar alimentos entre desconocidos se convirtiera en un almuerzo familiar que honrara a estas naciones hermanas y disipara las diferencias  entre colombianos y migrantes.

Texto extraído de La Opinión, para leer la nota completa haz click aquí

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