#SoyVenezolano: Ángel Alejandro El Jaouhari

● Renunció a sus estudios universitarios de comunicación social para emprender su camino como migrante hacia Valledupar (departamento del Cesar) y luego hasta Bogotá, donde hoy vive junto a su esposa e hija. Esta es su historia

Ángel El Jaouhari, venezolano de 26 años, de Maturín, Estado Monagas, renunció a sus estudios universitarios de comunicación social para emprender su camino como migrante hacia Valledupar (departamento del César) y luego hasta Bogotá, donde hoy vive junto a su esposa e hija. Esta es su historia:

¿Cómo era tu vida en Venezuela?

Dura, me tocaba trabajar y estudiar para poder costearme la universidad. Cada día se me hacía difícil cumplir con los compromisos de mis estudios y a la vez trabajar para poder ayudar económicamente a mi familia y mantenerme. Fue muy agotador. Con el fin de salir de Venezuela, un día tomé la decisión de dejar mi carrera universitaria en el quinto semestre y me vine a Colombia.

¿Y por qué Colombia? 

Colombia fue lo más factible, entre otras razones, por la cercanía con mi país: llegar hasta aquí me lo permitía mi bolsillo gracias a unos pequeños ahorros. Llegué a Valledupar en agosto de 2016: no conocía a nadie, no tenía documentos, me fui solo con mi pasaporte venezolano. Valledupar es una ciudad pequeña y hasta al año que estuve no había suficiente trabajo.

¿Cómo conseguiste tu primer trabajo?

A las dos semanas de haber llegado, pude empezar en un autolavado, pero no fue lo que esperaba. A los tres meses tomé la decisión de reunir dinero y emprender camino hacia Bogotá, sin saber lo que me esperaba. Gracias a Dios, al segundo día de estar en la capital pude encontrar un trabajo por medio de un conocido; allí me mantuve algunos meses y pude traerme a mi pareja que se había quedado en Venezuela.

¿Cómo han sido tus años en Bogotá?

En el 2017 otorgaron por primera vez el Permiso Especial de Permanencia (PEP) y pude obtenerlo para poder trabajar en algo más formal. Después de un tiempo pudimos económicamente mantenernos. Han sido años de altos y bajos; para mí es difícil ser conformista porque siempre quiero más, seguir mejorando y creciendo. A los migrantes nos toca bien complicado, pero no imposible.

¿Formaste familia en Colombia?

Sí, a mitad de 2018, aquí en Bogotá, me enteré de una gran noticia: iba a ser papá, mi pareja estaba embarazada. Al principio, fue difícil por las dificultades propias de la migración, pero al final esa condición no fue obstáculo para seguir adelante y asumir ese reto personal y familiar. Siento orgullo de mi princesa Amira que nació en Colombia. Todo lo que hago es por el bien de ella.

¿Qué planes tienes para el futuro?

Sigo teniendo fe de que Venezuela se mejorará para poder volver algún día, pero confieso que lo veo lejano. Sin embargo, por ahora toca trabajar, seguir adelante para lograr todo lo que uno se propone.

¿Qué estás haciendo actualmente?

Desde diciembre pasado, trabajo como mesero en un restaurante de comida mediterránea, me contrataron con todos los beneficios de ley. Vivo en Suba: me levanto temprano para compartir con mi niña, y posteriormente tomo el Transmilenio hacia Bulevar Niza donde está el restaurante. Hace unos meses, mi esposa empezó a trabajar en una franquicia de bebidas de Taiwán. Así aportamos los dos para los gastos.

¿Sientes orgullo cuando dices “Soy Venezolano”?

Claro, siento mucho orgullo al decirlo: “soy venezolanisimo”, siempre pensaré que tenemos el mejor país, lleno de infinitas cosas maravillosas, pero en manos de personas erradas que lo han destruido y se han aprovechado de sus recursos.

¿Qué aprendizaje te ha dejado la migración?

La migración me ha dejado infinitos aprendizajes, es difícil destacarlos todos, pero uno de los más importantes es ser mejor persona, valorar la vida, la familia y dar gracias a Dios por todo lo que se tiene.

Por: Haryanna Lagonell de El Venezolano Colombia

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