¿Cómo viven la crisis del Covid-19 los venezolanos en Barranquilla?

• Los migrantes están preocupados para pagar alimentación, alquiler de alojamiento y servicios públicos

Preocupación y miedo. Estas son las emociones que viven los migrantes venezolanos en Barranquilla de quedarse sin oportunidades de trabajos ante la llegada del Covid-19. Esta situación les está generando incertidumbre a la hora de pagar alimentación, alquiler de alojamiento y servicios públicos.

Las calles de la Puerta de Oro de Colombia amanecieron desoladas, con poca movilidad de personas y de tránsito automotor, una realidad que origina, como es de esperarse, que la economía se afecte por la pandemia mundial que amenaza a más de 170 países, entre ellos, Colombia con 306 casos al cierre de esta nota.

En un recorrido que hizo El Venezolano Colombia por las calles de Barranquilla confirmó que la ciudadanía está acatando el llamado de las autoridades de quedarse en casa. Los migrantes venezolanos que trabajan como comerciantes informales suspendieron la venta de sus productos, como café, agua, jugos, golosinas, galletas, bebidas energizantes, entre otros.

“Esperemos que esto pase rápido porque si la situación empeora no podremos trabajar y para nosotros los migrantes se nos complicará más la vida, porque no tendremos ni para pagar el alquiler”, dice Juan Gabriel Infante, vendedor de arroz con pollo montado en una bicicleta por las calles y avenidas de la ciudad.

Infante de 32 años, es oriundo de la ciudad de Coro, capital del estado Falcón y tiene cuatro años que emigró de Venezuela.

“Yo soy albañil pero aquí nunca he tenido la oportunidad de ejercer ese oficio. Me ha tocada dedicarme al comercio y estar vendiendo comida; con eso puedo mantener a mi familia. Pero ahora la gente tiene miedo no quiere ni bajar los vidrios de los carros”, asegura.

Migrantes en incertidumbre

Con la llegada del Covid-19, la zuliana Belkis Cubillán explica que su situación es similar a la de muchos migrantes que están en la incertidumbre para generar recursos.

“Hoy cumplo ocho días que mi jefe me dijo que me fuera a la casa. Con lo que me pagaron de la quincena pude comprar la comida para que me alcance los días que se pueda”, cuenta preocupada la mujer de 44 años, quien vive en el barrio California donde paga 200 mil pesos mensuales por una habitación (alrededor de 60 dólares).

Cubillán agrega que es contadora público, tiene el Permiso Especial de Permanencia (PEP) y aunque apostilló su título de pregrado en Venezuela no ha podido convalidarlo en Colombia, así que le ha tocado trabajar sin recibir beneficios laborales.

“Ahora estoy pensando cómo hacer para pagar el arriendo; pero tocará hablar con la dueña de la casa para que sea flexible con el pago. Esta situación no es fácil, tengo que moverme y empezar a enviar hojas de vida”, añadió la venezolana confiando en Dios, que pueda volver a trabajar pronto.

“La situación de nuestros connacionales es horrible. Muchos no tienen que comer y con la gente encerrada menos oportunidades hay. A mí se me parte el corazón y no puedo ayudarlos porque tampoco recibo ayuda. Es muy difícil y doloroso”, dice Odnal Torres, habitante del sector de San Isidro.

SITUACIÓN COMPLEJA PARA EL MIGRANTE

Mariana Vivas de 25 años, quien es natural de Maracaibo y se desempeña en la economía informal vendiendo café, galletas, golosina, entre otros productos, resaltó que la llegada del Covid-19 ha generado otro factor de complejidad “al migrante venezolano no solo en Barranquilla sino en todos los países”.

“Tengo ocho días sin salir a la calle a trabajar porque mi hija estaba enferma con fiebre, dolor de cabeza y ahora debemos acatar el llamado de las autoridades de quedarse en casa. Gracias a Dios pude comprar las medicinas y como buena venezolana pude surtir de comida para los siguientes días”, dice.

La zuliana reside en el barrio Chiquinquirá con su hija de seis años y un sobrino, quien tiene un salario diario de 25 mil pesos (siete dólares aproximadamente) que percibe en un restaurant es el único ingreso en el hogar.

“Ahora el golpe que nos espera es el arriendo de 470 mil pesos (145 dólares) que debo pagar el próximo 07 de abril. Si nos toca pasar hambre no nos queda de otra tendremos que pasarla pero debemos ayudarnos. Ojalá el presidente Iván Duque dicte una medida de ayuda al migrante”, dice con esperanza y confiada.

Hay que ser solidarios y positivos

“Tenemos que ser solidarios, crear conciencia, no sentirnos superior a nadie y ayudarnos entre nosotros. Ayer (domingo) vi que una mujer estaba pasando necesidad y le di un paquete harina de pan. Es la mejor manera de contribuir apoyando con un granito de arena”, añadió la zuliana.

Vivas expresa que el mejor mensaje de aliento que se debe dar es de ser positivos. “No podemos dejar que el miedo nos gane. Esta situación no se sabe qué tiempo va a durar y como buenos venezolanos hay que seguir pá’ lante y sobrevivir desde aquí afuera”, puntualiza con su acento zuliano.

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ECONOMÍA EN CIFRAS

Barranquilla tiene el 54,9% de la economía informal de Colombia.
Según cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), en Colombia el 9,45 millones de trabajadores pertenecen a la economía informal y durante el trimestre móvil noviembre 2019 – enero 2020, de las 23 ciudades y áreas metropolitanas, las que presentaron mayor proporción de informalidad fueron: Cúcuta (70,1%), Sincelejo (67,5%) y Riohacha (64,2%) mientras que Barranquilla fijó el número en (54,9%). Las ciudades con menor proporción son: Manizales (38,9%), Medellín (40,4%) y Bogotá (41,8%).

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Por Miguel González, corresponsal en Barranquilla, El Venezolano Colombia

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