La gasolina de la discordia | Por: Editorial Analítica

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Desde hace muchísimos años se viene hablando de la necesidad de aumentar el precio de la gasolina, sin embargo, el tema se había vuelto tabú.

El tema del subsidio surge en la década de los 40 cuando Rómulo Betancourt afirma en su libro Venezuela, política y petróleo lo siguiente: “era insólito que en el primer país exportador de petróleo del mundo rigieran no cotizaciones tan altas para la gasolina y los carburantes extraídos del aceite mineral”.

Así, mientras encabezó la Junta de Gobierno que remplazó a Medina, entre 1945 y 1948, bajó la gasolina de Bs 0,20 a 0,10 por litro.

De allí en adelante se dio por sentado que los venezolanos teníamos derecho a obtener una ventaja por haber dotado la naturaleza a Venezuela de reservas tan cuantiosas de petróleo en nuestro subsuelo.

Nadie se preocupó en adelante del precio de la gasolina, hasta que a finales de la década de los 80, después de dos boom petroleros a raíz del Embargo Petrolero Árabe (1974) y la caída del Sha de Irán (1979), comenzaron a aparecer fuertes déficits fiscales y problemas de default en el pago de la deuda externa.

Eso llevó a Carlos Andrés Pérez en 1989, a aplicar el paquete de medidas conocidas como “el gran viraje” que incluía un aumento en el precio de la gasolina a lo largo de tres años, con un incremento de un 100% durante el primer año. Aquello, junto con otras medidas liberalizadoras cuya aplicación resultaba indispensable para recuperar el equilibrio de nuestra economía, desató severos problemas de orden social conocidos como el “Caracazo” con un inmenso saldo de muertes, violencia y saqueos en la ciudad.

De allí en adelante los gobiernos vieron con temor el tema del aumento del precio de la gasolina. No fue sino hasta el segundo mandato de Caldera, a raíz del plan conocido como la “Agenda Venezuela” cuando se decretó un aumento paulatino y progresivo del precio de la gasolina que lo elevaría progresivamente hasta en un 600%. Aquello implicaba un incremento de Bs 0,25 por mes hasta elevarlo al costo de oportunidad, o sea, el precio FOB de exportación de esa misma gasolina puesta a bordo de un tanquero en puerto venezolano sin incluir flete ni seguro.

Pero luego llegó la revolución y con su única biblia bajo el brazo -El Capital de Marx- creyeron que todo lo podían, más aún cuando repentinamente les cayó del cielo como maná inesperado, el mayor boom petrolero de la historia elevando la cesta petrolera venezolana a unos $ 114 el barril. Con esos recursos que pensaron durarían para siempre, se dedicaron a cambiarlo todo, a corromperlo todo y a destruirlo todo. El resultado, como siempre ha ocurrido después de cada boom, es que los precios cayeron. Pero en esta ocasión ya habían acabado con la industria petrolera (junto con todo lo demás) y hoy las refinerías están paralizadas y a eso se le agregan las sanciones de los EEUU. El caos es total.

En esas condiciones llegan 5 tanqueros de Irán con algo menos de 1,5 millones de barriles que suponiendo un consumo de 100.000 barriles diarios alcanzarían para unos 15 días, pero que pueden estirarse con un racionamiento.

Procede entonces el régimen anuncia el aumento en el precio de la gasolina:

  • Para el caso de la subsidiada (91 octanos) elevan el precio desde Bs 0,0001 el litro a Bs 5.000. En otras palabras estamos hablando de un incremento de CINCUENTA MIL MILLONES %
  • La gasolina de 95 octanos la elevan a $ 0,50 el litro, o sea, Bs 95.000 al tipo de cambio del 31 de mayo, o sea un CIENTO SESENTA Y CINCO MIL MILLONES %.
  • Una inconcebible e inconstitucional discriminación en favor de quienes porten el carnet de la patria que no es otra cosa que un documento político partidista.

Dos consecuencias inmediatas acarreará este aumento:

  • Un severo impacto inflacionario que ocurrirá en el peor de los mundos, cuando ya Venezuela padece la peor hiperinflación y la mayor contracción económica del planeta.
  • El estallido de un incontrolable mercado negro, en el cual quien tenga los contactos necesarios comprará gasolina a Bs 5.000 el litro para revenderla a Bs 95.000 el litro.

CADIVI, el contrabando de gasolina a Colombia y cualquier otro caso de corrupción imaginable palidecerán frente a los estímulos al delito que genera esta nueva decisión. Y eso sin mencionar el gravísimo problema de orden geopolítico en que queda sumida Venezuela al romper su tradicional política de neutralidad frente al Medio Oriente.

José Toro Hardy, editor adjunto de Analítica

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